Agosto ha sido un mes extremadamente cálido en España. Eso ha tenido un efecto secundario: hacernos más viejos
Este verano ha dejado escenas repetidas: plazas vacías a la hora de la siesta, noches en vela por el calor y un Mediterráneo convertido en una olla a presión. España ha sufrido jornadas sofocantes que pasarán a la estadística, pero lo más grave no se mide en grados. Según un estudio reciente, las olas de calor no se marchan cuando baja la temperatura. Dejan un rastro silencioso en el cuerpo: aceleran el envejecimiento biológico.
Un hallazgo inquietante. Un reciente estudio publicado en Natur…