
El arroz acaba de hacer lo impensable: de amenaza inflacionaria a desplome histórico de precios
Durante meses, el mundo temió una reedición de la crisis alimentaria de 2007-08, cuando el arroz superó los 1.000 dólares por tonelada y provocó disturbios desde Haití hasta Bangladesh. A comienzos de 2024, el arroz tailandés al 5% —referente en Asia— rozaba los 650 dólares por tonelada, su máximo en diez años, impulsado por El Niño, proteccionismo y compras de pánico. Y, sin embargo, en agosto de este año ha ocurrido lo contrario: el precio internacional se deslizó hacia mínimos, impulsado por cosechas históricas y rendimientos que no dejan de mejorar. Es la victoria silenciosa de la productividad: más arroz con casi la misma tierra.
Precios internacionales en caída libre. En los últimos meses, el arroz se ha abaratado de forma drástica. Según Financial Times, el arroz blanco partido tailandés al 5% se negocia a 372,5 dólares por tonelada, su nivel más bajo en ocho años, tras un descenso del 26% desde finales del año pasado. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) confirma la tendencia: su índice global de precios del arroz (FARPI) se redujo un 13% en lo que va de año, y en julio cayó otro 1,8% mensual, situándose un 22% por debajo del año anterior.
Oferta abundante, demanda ausente. En un extenso reportaje del Financial Times han señalado que, por el lado de la oferta, India —el mayor exportador—levantó en septiembre del año pasado las restricciones a las ventas externas, al tiempo que llegaba al mercado con una cosecha récord en 2023/24 y stocks públicos que alcanzaron 60 millones de toneladas en mayo, hasta 15 millones más que el promedio de los últimos años. Parte de esos excedentes incluso se destinó a etanol para liberar espacio antes de la nueva campaña. Además, se sumaron buenas campañas en Tailandia y Vietnam, que llevaron la producción mundial a un nivel récord.
Del lado de la demanda, Indonesia adelantó compras el año pasado y se retiró del mercado, mientras Filipinas prohibió importaciones hasta octubre para proteger su cosecha principal. “Es así de simple: no hay compradores”, resumió Samarendu Mohanty, director del Centro de Estudios de Agricultura y Desarrollo Sostenible de la Universidad Estatal Agrícola de Telangana, citado por el FT. El resultado es fácil de definir: sobran existencias y faltan compradores, y, por tanto, los precios se desploman.
Una excepción: Japón. Mientras los precios globales se desploman, Japón sufre el escenario opuesto. Según Bloomberg, el país vive un verano de calor extremo y sequía en regiones productoras clave como Tohoku y Hokuriku. Kazunuki Ohizumi, profesor emérito de la Universidad de Miyagi, ha anticipado al medio: “Rendimientos y volúmenes de distribución caerán casi con certeza”.
Para contener la crisis, el gobierno japonés liberó cientos de miles de toneladas de reservas y permitió ampliar la superficie de cultivo. Sin embargo, las medidas resultaron insuficientes. En mayo de este año, como ha señalado mi compañero para Xataka, Japón dio un paso sin precedentes en 25 años: importar arroz de Corea del Sur. Poco después, la cadena Aeon anunció la venta de arroz estadounidense Calrose, un 10% más barato que el nacional. La presión social y política ha sido enorme: encuestas muestran un desplome en la aprobación del primer ministro Shigeru Ishiba, y la polémica se avivó tras declaraciones desafortunadas del ministro de Agricultura.
Además, el país nipón mantiene una política proteccionista estricta: solo 770.000 toneladas anuales entran libres de arancel, y fuera de esa cuota la tarifa asciende a 341 yenes/kg (unos 2,30 dólares). Incluso en un contexto de abundancia mundial, sus consumidores pagaron hasta un 50% más que un año antes, según Bloomberg.
La palanca de la productividad. El desplome global de precios tiene un trasfondo histórico. Según Javier Blas en su columna para Bloomberg, los rendimientos del arroz han pasado de 2,4 t/ha en 1975 a unas 4,7 t/ha en 2025, gracias al uso masivo de fertilizantes, pesticidas, riego y semillas mejoradas. La superficie arrocera global apenas ha variado desde los años 80, pero la producción se ha duplicado, hasta alcanzar una cosecha récord prevista de 541 millones de toneladas en 2025/26, de acuerdo con la FAO.
La resiliencia “a prueba de monzones”. En particular, India se ha convertido en un ejemplo de resiliencia. Como ha explicado Financial Times, el país cuenta con sistemas de riego casi universales en las principales regiones arroceras, precios mínimos garantizados y bonificaciones estatales que protegen a los agricultores. Esto le permite sostener cosechas récord incluso con monzones erráticos. Los precios mínimos garantizados (MSP) y las bonificaciones estatales aseguran un colchón frente a la volatilidad internacional. Además, los agricultores compran semillas nuevas cada temporada, lo que incrementa rendimientos y amplía la superficie.
De esta manera, el resultado ha sido una oferta sobrante que Nueva Delhi canaliza tanto al mercado interno como al internacional, e incluso a usos industriales como el etanol.
Ganadores y perdedores. Para los consumidores y los países importadores, la bajada es una buena noticia: menos presión inflacionaria en la cesta básica. Para los productores, especialmente en Asia, es lo contrario: con insumos cada vez más caros y precios internacionales deprimidos, los márgenes se estrechan peligrosamente.
El arroz se convierte también en un factor de estabilidad o inestabilidad política. Blas recuerda que en Asia, donde el arroz es central en la dieta, un repunte de precios puede derrocar gobiernos. Japón lo está experimentando ahora: la carestía interna ha tensado al máximo a la administración de Ishiba.
¿Qué esperar a futuro? El escenario base apunta a que los precios seguirán débiles. Analistas consultados por el Financial Times prevén una posible caída adicional del 10% si no ocurren shocks como un nuevo episodio climático extremo o restricciones comerciales.
Blas en su columna calcula que la producción mundial de arroz de 2025-26 será la mayor de la historia, lo que mantendrá la presión bajista. Pero Japón recuerda que el cambio climático puede desacoplar mercados internos de la tendencia global: un verano demasiado caluroso basta para transformar la abundancia mundial en una crisis doméstica.
El grano que mide estabilidad. El arroz es, quizá como ningún otro alimento, la medida de nuestra capacidad de alimentar al mundo. Hoy sus precios se hunden porque la humanidad ha aprendido a producir más con menos tierra, no porque el clima haya dado una tregua permanente.
Para millones de familias, eso significa una mesa más asequible; para millones de agricultores, la amenaza de un ingreso en caída. El reto es claro: extender los beneficios de la productividad sin dejar atrás a los productores más vulnerables y, al mismo tiempo, prepararse para excepciones locales como la de Japón. El arroz demuestra, una vez más, que la agricultura no solo nutre: también define la estabilidad social y política.
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El arroz acaba de hacer lo impensable: de amenaza inflacionaria a desplome histórico de precios
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Xataka
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Alba Otero
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